domingo, noviembre 14, 2010

Nocturna...

Algunas veces olvido que la noche me hace mal. El frío se cuela entre los engranajes de mi memoria y revive recuerdos amargos, recuerdos que en su momento fueron sanos, coloridos, dulces y felices. La oscuridad violada por la amortajada luz artificial agita las imágenes que día a día lucho por enterrar, metiendo los dedos en llagas apolilladas que ella ya no recuerda, que a ella ya no le interesan. El aroma del aire soñoliento y helado juega a burlarse de mi ingenuidad, de mi estupidez, ya que sabe me dejaré encerrar en llantos internos que mis ojos no logran vomitar. Aun así, dejo que mis pies me secuestren y me encarcelen en un fresco camino nocturno, tradicional como pocos, y que recorro más seguido de lo que me gustaría. Camino fuera de mi casa, fuera de mi patio, en esa calle que me vio crecer desde que pronuncié mis primeras palabras, desde que jugaba con gusanos, desde que mis pasos de niño me hacían creer dueño del mundo. Camino ahí, tan cerca de mi hogar, tan nuclear al lugar al que pertenezco, si pertenezco a alguna parte, tan cercano al nido que nunca he abandonado conscientemente. Camino rodeando mi protección, tan cerca de mamá, tan cerca de mi pieza, tan cerca de mi sitio, tan lejos de todo. Camino tan lejos de mí mismo. Camino en ningún lugar, como si en realidad estuviese a cientos de miles de kilómetros de mi cueva. Miro hacia arriba y ahí la encuentro, a aquella que me ha visto sonreír, llorar, pensar, decir, callar, actuar, amar, odiar, sentir, ignorar. La maldita y bendita luna que alguna vez decidí no volver a ver. Pero ahí está aún, testigo de los pasos inertes de mi indigestión nocturna y que me hizo olvidar que la noche me hace mal…

by Arkänus

2 comentarios:

Vissna Själ dijo...

Hermoso escrito.

Como quisiera yo expresar todo de esa manera T.T
:)

Arkänus dijo...

Se puede. Ánimo nomas.