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domingo, abril 24, 2011

CULPAS INCONFESAS


CAPÍTULO I

Transcurrían los minutos y yo seguía observando aquella hoja, sin saber qué demonios escribir: si trazar algún dibujo o rasguear un poema, tal vez simplemente nada. He pasado días enteros contemplando una página en blanco, admirando su pureza y olvidando lo que pretendí plasmar suavemente con mi lápiz. Una página en blanco. Ya no es una hoja blanca, pulcra e inmaculada. Poco a poco corrompo su inocencia con el suave goteo de tinta que derrama mi lapicera. Se salpica de tinta negra, igual que mi espíritu corrompido por las consecuencias de mis actos.
No me creo una blanca paloma, tampoco un ente ruin. Sin embargo, debo decir que he hecho cosas estúpidas, carentes de sentido que han llenado mi cabeza de confusiones y en más de alguna ocasión me han conducido a la rabia y el rencor. Por culpa del miserable orgullo he alejado a personas importantes, e incluso, de mí misma. Dentro de mi hermetismo aún existe aquella persona que necesita de la luz para vivir, que necesita del llanto y la risa para seguir adelante… que requiere de la confianza del resto para desenvolverse sin miedo. Necesito despertar y ahogar la angustia en agua con sal o veneno si fuera necesario, necesito caer bajo un cálido abrazo de un cuerpo ajeno y no saber de nada ni de nadie, no quiero saber de realidad ni del mundo. Quiero escapar de lo que me rodea, pero a la vez quiero despertar de este sopor que me aturde.
¡Llámenme desquiciada, presa de mi cordura esquizofrémica, como quieran! no me afecta, debo reconocer que sí, estoy loca, o tal vez sea más cuerda que aquellas personas que creen tener un sano juicio. Puedo estar simplemente trastornada o quizás no, ¡quién sabe y a quien le importa! Como dicen por ahí, para hacer cambios hay que estar loco, para crear hay que estar chiflado, para pensar también. De lo contrario, seríamos unos malditos zombies que vagaríamos por la vida sin saber qué demonios hacer, ni cómo actuar, ahí ni siquiera contarían las estupideces que cometemos, especialmente las idioteces que yo he cometido.
Debo decir que esta página es como una vista a mi deplorable alma, la que inevitablemente, como esta hoja, se ha ido manchando. Ahora no es más que un trozo de papel arrugado y desecho por el autor que garabateó vagamente sus palabras en el libreto de la vida, cuya marioneta yace aquí escribiendo esta nota. Justamente, así me siento. No diré que me siento así porque quizás he sido una víctima de mi destino nefasto, pues no lo soy. Confesaré que yo lo he querido: inconscientemente me hago daño a mí misma, y no me doy cuenta hasta despertar de golpe y verme a punto de caer al fondo del abismo.

Vissnasjäl.-





CAPÍTULO II

Transcurrieron los días, luego de abandonar este escrito he decidido continuar escribiendo en este trozo de papel, que por cierto, no dudé en tirarlo a la basura. Quizás no continuaré con el mismo ímpetu que comencé, haré lo posible por seguir el rumbo. Es jueves 20 de abril del año 2011. Es pasada media noche (12.12 am. para ser más específica). Como es costumbre, aún permanezco despierta. Es una noche lluviosa, el rosal del jardín rasguea mi ventana a causa del temporal que se levanta y debo decir que me agrada. Estoy escuchando una banda de folk experimental chilena, Bauda. Aunque suene bastante extraño, el folk metal ayuda a concentrarme y a escupir todos los miserables sentimientos de culpa, rencor, frustración y miedo que siento; dejándome la sensación de tranquilidad, nostalgia y vacío que me hace sentir mejor. Siento que mi alma danza, al oír aquella armoniosa melodía que acaricia mis oídos. No quiero que acabe este momento de tranquilidad, pero nada es eterno.
Culpas inconfesas. Es el nombre que he puesto a esta especie de… lo que sea. Sí, me siento culpable… de tantas cosas, en primer lugar, soy la persona más contradictoria que tal vez hasta ahora ha pisado este suelo; cambio de opinión cada cinco minutos y nadie entiende mi retorcido genio, ni mucho menos mi sentido del humor. Algunas veces siento que no encajo en esta sociedad y reconozco que ésta no hará nada para que yo me sienta cómoda en ella, lo cual es justo. Segundo, soy aquella mujer profunda, misteriosa y sentimental que mantiene sus verdaderas emociones muy ocultas, bondadosas en exceso y crueles a la vez. Como anteriormente dije, soy la persona más contradictoria que tal vez jamás ha existido en este pedazo de mundo, muy distinta en cuanto a mis características, pero a la vez, no diferente. Es más, ni siquiera en estos años de existencia he logrado entenderme, y dudo que alguien me entienda. No busco nada ni a nadie. No busco un amor; no busco esperanzas; sólo persigo la felicidad, si es que de alguna forma existe, y sólo persigo el propósito de no perder mi identidad. No deseo comprensión, no quiero lástima, no pido nada más que eso.
Tal vez esto no es lo mejor que he escrito, pero tengo la certeza de que expulsar mis pensamientos me quitará un peso de encima, y espero que si una distraída e indiferente alma leyera esto, ojalá coincida con mi extraño punto de vista. No pretendo redactar esto a modo de biografía, porque simplemente no me interesa. Sólo quiero escribir y eliminar tanta opresión que me tiene el pecho a punto de estallar. Quisiera componer un poema, pero dentro de mi cabeza existe un descomunal amasijo de ideas y pensamientos que no tienen conexión entre sí. Es por eso que trato de escribir en esta forma, ya que es una manera más libre para escribir y me resulta más fácil mantener un cierto equilibrio para combinar cada pensamiento.
Me he visto obligada a enmascarar mis verdaderos sentimientos, debo fingir paciencia y lamentablemente, no la tengo. No existe solución en cuanto a esto y siento que poco a poco estoy olvidando quién realmente soy. Muchas veces no recuerdo cómo era hace seis o siete años, he olvidado aquellos días en que todo era mucho más sencillo y creías que todo estaba al alcance de tus manos, cuando mirábamos hacia el futuro con ilusión y grandes expectativas. Me decepciona saber que no he logrado lo que quise, me desilusiona darme cuenta que he abandonado la lucha, el darme cuenta que ya no soy fuerte como antes, soy una mísera criatura débil y eso me defrauda. Me cuesta admitirlo, pero tengo miedo. Me siento como una niña asustada, que juega a ser mujer. Me aterroriza cometer un error o ilusionarme frente a cosas que no son reales.
Como una hoja de papel utilizada como borrador para un escrito o un ensayo, así me siento. Imagino que en cualquier momento, seré desechada por el maldito escritor que aún rasguea las palabras que finalmente serán las líneas para el guión de mi vida, el aborrecido sujeto de quien he estado a su merced durante toda mi existencia, siento que dependo de él. Nuestra conciencia es el sustento, nuestro “dios”. Ella es el escritor que relata nuestras deliberaciones, el “destino” es la consecuencia de las decisiones que consideramos al momento de decidir algo, y lo podemos cambiar. Tengo el defecto de derribar los cimientos de mis creencias, y adoptar nuevas ideas para complementar una nueva teoría, esto es tan confuso que finalmente no sé en qué creer, por ejemplo: no soy socialista, tampoco conservadora. No me interesa la política, no me interesa la religión. Sin embargo, si debiera considerarme dentro de una categoría de acuerdo a mis “creencias”, creo que soy agnóstica, pero tengo cosas más importantes en qué preocuparme que política o religión. Ninguna de las dos cosas me ayudará a sobrevivir, no son necesarias en mi vida.
Volviendo a la realidad, es viernes. Es una noche del día 21 de abril, donde el tiempo ha marchado rápidamente. Son las 1:30 de la madrugada. La lluvia ha terminado, sólo oigo el ensordecedor ruido del silencio. El disco de Manowar que escuchaba acabó, como todos los momentos y etapas importantes de mi vida que han concluido. De aquella pulcra hoja que hace un par de días pendía vulnerablemente de los espirales de mi viejo cuaderno, sólo queda un papel arrugado, opacado por un arsenal de letras y frases tachadas u omitidas, palabras escritas en borrador, que no se resignan a contar su historia una vez registradas en mi computador, con el fin de ser subidas al blog abandonado. Estoy sentada en mi cama, abrigando las desahuciadas esperanzas en la luz de la lámpara que ilumina mi habitación en esta tibia y tranquila noche de abril, invocando el anhelo de que algún día todo acabará. Ya no habrá más espera, más confusiones ni culpas, y ese será el día en que sienta que por fin desperté, y podré decir que por fin soy mujer.

Vissnasjäl.-

jueves, diciembre 09, 2010

En la tempestuosa ciudad donde las sombras callan...



Caminando bajo la apacible lluvia,
a través de la inicua soledad de las calles ya olvidadas.
Con un cigarrillo a medio consumir, enredado entre los dedos,
finjo ignorar lo que ha ocurrido.
Observo con indiferencia los cuerpos putrefactos de falsedad
que se presentan ante mí. Individuos que simularon amistad,
y hoy, sus máscaras he visto caer.
Estoy en la tempestuosa ciudad donde las sombras callan,
donde se ocultan bajo las alegrías disecadas, cubiertas por
el manto de la hipocresía absoluta.


by Vissnasjäl

martes, noviembre 16, 2010

Una inocente opinión



¿Cómo puedo creer en un sentimiento que no creyó en mí?¿Cómo entregarme al dolor, si el sentimiento ha muerto?

No existen razones infinitas en mi mente, tal vez no tenga alguna razón coherente en ella. Quizás una vez existieron dentro de mis pensamientos y posteriormente, poco a poco se esfumaron como lo hacen los sueños inalcanzables. La memoria falla -Oh, si!-; y es que la mente no es confiable, de ahí la razón por la cual hayan muerto mis razones, si la memoria las ha callado.

Dicen por ahí que el amor es un sentimiento, más que un sentimiento es algo inexplicable y hermoso. Para mí este "sentimiento" no es más que una enfermedad que opaca la razón, enceguece a sus vícitmas, las envuelve poco a poco entre sus aromas ineplicables, eleva a quien padece de este mal hacia el éxtasis de la felicidad hasta que, finalmente suelta a la víctima desde el punto más alto, para dejarla caer en el precipicio de la desilución y el dolor.

Bueno, tal vez muchos cuestionen mi punto de vista sobre el amor y esas cosas, sinceramente... puedo decir que esa es mi humilde opinión.


by Vissnasjäl

martes, agosto 17, 2010

Gris...

Lluvia y lágrimas bajo el cielo desinteresado.
Frío y preocupaciones tras los pasos ahogados.
Caras cansadas, pálidas, plásticas en el aire.
Minutos gastados, fúnebres, comunes sobre nosotros.

Todo era gris. Nada era nuestro, excepto ese momento.
Escapamos de esta ciudad sin salir en realidad.
Pintamos el cielo a nuestro antojo, tiñendo nubes.
Quebramos la niebla, apagamos la lluvia con sonrisas.

Siento que podría escribir toda la noche
describiendo emociones, destellos de mi mente.
Siento que podría detenerse el mundo ahora,
que ya soy feliz aunque llegue mi muerte.

Creo que nada de lo que aquí te diga, te suspire
alcanzaría a dibujar las horas dulces junto a ti.
Creo que no existen frases hermosas ni perfectas
para decirte que siento de nuevo ganas de vivir.

A veces pienso que las explosiones dentro de mi cerebro son imposibles de tatuar en palabras. A veces pienso que las imágenes en mi cabeza no podrán ser recuerdos simples ni encadenados a un momento de olvido. A veces pienso que nada de lo que escriba serviría para explicar la intensidad de aquellos momentos que me dejaron sin aire.

Si por mí fuera lo borraría todo, porque palabras tan feas y sencillas no merecen referirse a aquel momento que me hizo soñar despierto como no podía hacerlo desde hace mucho. Pero necesito decir algo, necesito explicar que lo que para ti fue sólo una línea más en una de las páginas de tu vida, para mí fue la portada de una nueva historia que deseo escribir...

viernes, agosto 13, 2010

Lluvia...


Esperando que acabe la interminable tormenta
cuento de manera descuidada cada gota que golpea el suelo...
cada una tarda una vida en caer,
para luego suicidarse irremediablemente contra el suelo cubierto de fango.

Siento el viento azotando mi rostro,
cómo se elevan mis pensamientos...
suelen ser tan profundos que se tornan en blanco.

La lluvia no cesa...
cae torrencialmente...
el viento se ha ido.

Mis esperanzas se han desvanecido...
se las ha llevado el viento
así como también se ha llevado mi dolor.

Ahora no tengo miedo de salir a la lluvia,
y es que cada gota refresca y limpia mi alma
cada gota renueva mi vida
echando lo malo al olvido...

by Vissnasjäl

miércoles, julio 14, 2010


Cuando siento rabia no sé qué hacer. Quiero explotar. No quiero saber nada del mundo, nada de nadie. Sinceramente siento el inconsciente deseo de enviar todo al demonio. La mejor manera de reaccionar es lanzar mis cosas y romper todo lo que encuentre a mi paso, aflorando mi afán destructivo que me atormenta.
Y qué decir de los infelices que se cruzan en mi camino...es inevitable el maldecir toda existencia a mi alrededor.
Quiero huir lo más lejos posible, quiero huir de los recuerdos que me asechan, de esta desconfianza que comienza a penetrar en mi interior. Necesito huir del mundo, de la gente...vagar por el ruidoso silencio de la soledad. A decir verdad, nadie me entiende. Ni yo entiendo al resto.
Necesito fumar un cigarrillo, necesito ahogar mi frustración bajo la exquisita compañía de una botella de buen ron. Me encuentro deambulando en los caminos del ayer, perdida bajo la amargura de mis confusos sentimientos. En realidad no sé qué siento. Mi atormentada mente sigue en coma profundo, el pecho lo siento desgarrado y siento una dolorosa hemorragia interna que avanza rasgando y marchitando lentamente mis entrañas. Siento rabia por la gente, tengo rabia por la vida, siento odio por mi. Siento amargura dentro de lo que una vez fue un corazón, ahora en su lugar hay un trozo de carne inerte y marchito. Siento... a quien engaño... ya no siento.
Una vez más me repito a mi misma:
- Gaby, bienvenida al mundo real, bienvenida a la vida. Donde tus sueños se han roto, donde la más mínima esperanza de vivir una vida mejor se ha esfumado.
Necesito mi guitarra... fue lo más cercano a un amigo... Extraño mi guitarra!, mi guitarra que ya no está, mi guitarra, mi guitarra. Siento la necesidad de componer una melodía, lo que sea. La extraño.
Quiero tapar el sol con un dedo y evitar tantas cosas... sin embargo, no puedo volver el tiempo hacia atrás, tan solo deseo eso. Tan solo quiero estallar!
Con una mirada nublada y gris observo cómo mi vida sigue...cómo ha cambiado este mundo, cómo ha cambiado todo. Y es que en realidad este mundo está loco y me alivia pensar que está peor que yo... y es que tú no sabes sobre mi vida pasada... evito contarla en detalle, muchas veces pienso y me siento orgullosa de lo fuerte que soy. He salido de cosas mil veces peores que ahora, carganddo una miserable depresión, problemas y más problemas.Y aquí estoy, salí adelante. Ahora me siento avergonzada, ya no tengo ánimos de levantarme y me resulta frustrante. Cada vez que trato de levantarme... algo me afecta y vuelvo a decaer en el pozo en que me encuentro inmersa. ¿Acaso el ser más humanitaria y mejor persona afecta en la debilidad de las personas? Creo que si.
Estoy cansada del mundo, estoy cansada de la gente... me cansó la hipocresía, me cansaron las mentiras. Veo caer la máscara que les cubre, una por una. Ya no creo en palabras, no creo en miradas, no creo en promesas. Ni siquiera creo en mi.
No creo en la suerte, creo que cada uno forja su destino como consecuencia de sus actos. Yo ya me sumí en mi destino y ahora tan solo me basta luchar por cambiar su rumbo. Mis fuerzas se están agotando... poco a poco arrastro mi carne hacia aquel objetivo... luchando por no perder la esperanza, luchando por mantenerme erguida y salir de este pozo de agonía que me retiene.

By Vissnasjäl

lunes, julio 12, 2010

Volví...

15.Marzo.2010

Es difícil escribir tantas veces. Es tan complicado darse vuelta y perderte en una maldita nebulosa que no quiere dejarte tranquilo. Es tan doloroso darte cuenta que aún tu vida está desaparecida desde que ella no está. ¿Es esto a lo que todos llaman una crisis?. No lo sé. Y sinceramente, no me importa.

Volví a caminar por donde tú y yo caminábamos. Volví a recordar lo que juntos de la mano decidimos estampar en el tiempo. Volví a encerrarme mentalmente en aquellos momentos en que tu cuerpo caliente no quería despegarse de mí. Volví a hipnotizar mis manos con el recuerdo de tu carne bajo mi poder. Yo era tu dueño. Yo lo era. Nadie más, sólo yo. Y solo tú me poseías completamente. Y no puedo dejar de pensar en eso. La vida sigue avanzando sin mí, y no dejo de pensar en eso. El mundo sigue dando vueltas sin mi permiso, y yo, terco, no puedo alejarte de mi cerebro.

Hoy volví a inmiscuirme en aquello que me prohibí a mí mismo; tú. Y volví a llorar.

A veces a esta alma no le interesan las decisiones. Ni siquiera piensa que es mejor así. Sólo se limita a desgarrarse por lo que perdió. Por aquella soledad que lo está matando sin perder el tiempo. Y así fue como me senté aquí y comencé a gritar palabras. Las grito como si fuesen racionales, como si merecieran existir. Como si la traición mereciera que las escriba una y otra y otra vez. Pero aquí estoy. Y juro por el cielo que fue difícil quedarme aquí. Fue difícil pelear conmigo mismo, apretando los ojos, convenciéndome que la debilidad no podía vencerme. Y (oh, Dios mío) que dolorosamente cruel fue empuñar mis manos sobre mis brazos y no desfallecer. Mis piernas habían perdido la fuerza, mi mente sólo tenía tu cara, y algo en mi cabeza sólo decía “ya está. Perdiste. No lo aguantas más. No puedes. Ve donde ella. Sólo ve. Sólo mírala por un segundo. ¡Qué importa lo que hagas después! Sólo mírala. Eso necesitas. Acéptalo. Perdiste frente a ti mismo. Sabes que tu vida se fue. No eres nada, nada sin ella. Sólo quieres mirarla. Tocarla. Abrazarla. Decirle algo, saber que te escucha, que sus ojos te miran. ¡Acéptalo maldito perdedor! Ve. Sólo sigue avanzando. Ve. Ve”. Aun así, simplemente pude caminar hasta aquí. Si supieras lo difícil que fue, te matarías al imaginarlo.

Y aquí estoy. Con este endemoniado nudo en la garganta, y mi cuerpo aún temblando por mi batalla interna. Y esa frase está aquí metida. Aquella que siempre alegamos que estaba en boca de todos como un “hola”. Aquella frase que me costó decir. Aquella frase que te costó decir. Aquella frase que sólo la he dicho al estar seguro. Aquella frase que nadie la ha sabido decir más eterna y verdadera que nosotros dos. Aquella frase de dos palabras. Aquella frase que ya no soporto decir. Aquella frase que no quiero volver a escribir. Pero es aquella frase por la que, sin embargo, mi corazón no deja de sangrar y latir...

by Arkänus

viernes, julio 09, 2010

Recuerdo...

Muchas veces no sé cómo comenzar una carta. Muchas veces no sé cómo escribir una carta. Muchas veces no sé cómo termina una carta. Y de hecho, nunca sé qué demonios es una carta. Lo único que en este momento sé, es que quiero escribir una carta, aunque la destinataria nunca podrá tenerla entre sus manos ni ante sus ojos.

Dicen que el tiempo cura todo, y creo que ingenuamente me he entregado a esa concepción. El tiempo sigue caminando indolente frente a mí, sin decirle nada a nadie, sin pedirle nada a nadie, sin regalarle nada a nadie. No te confundas, no he dicho que el tiempo no muestra nada. Sólo dije que no lo dice. No te confundas, no he dicho que el tiempo no quita nada. Sólo dije que no lo pide. No te confundas, no he dicho que el tiempo nos enseña nada. Sólo dije que no lo regala. Sin embargo, cada vez siento que aunque todos van modelando su vida, gratificándola, llenándola, purificándola, arreglándola, soy el único que no ha podido sacar nada de ahí.

Hace seis meses miraba tus fotos y el corazón saltaba de alegría, de algo dulce que ninguna palabra humana podría ser capaz de describir. Y unas semanas después de eso fue el único momento que creo el tiempo ha traído un acontecimiento a mi vida. Hace cinco meses miraba tus fotos y los rasguños en el pecho eran inconmensurables. No había grito alguno que me permitiera sangrar lo que el dolor me dictaba. Leía tu nombre y sentía cómo el mundo se partía en dos, la luna se suicidaba y ni el infinito abismo en el que caía era capaz de frenar ese calor en los ojos que escupían lágrimas profundas. Lágrimas tan profundas que ni siquiera yo sabía que podían existir. Y el aire. Oh, ese aire! Tan venenoso, tan negro, tan helado que me destrozaba la piel, arrancándome la carne insensible y mordiendo hacia adentro todo aquello que yo llamaba sentimientos.

¿Crees que el tiempo ha cambiado alguna parte de eso? No lo sé. Para ser sincero, no lo sé. A veces pareciera que sólo me quedan costras, y que simplemente debo aprender a cuidarla para que no deje de cicatrizar. Pero, ¿qué demonios es eso que me invade cuando una imagen tuya llega a mi cara? ¿qué es eso que me corroe cuando una voz descuidada pronuncia tu nombre en mi presencia? ¿qué diablos es eso que me infecta cuando una mirada adormecida me hace caminar por los caminos de tu nombre? No lo sé. Siento que eres tan intensa, que eres tan hiriente, que eres tan profusa, que eres tan vital como si la vida misma estuviera hecha completamente de ti.

Creo que al escribirte tantas veces perdí el sentido de decir las cosas. Quiero decirte que te extraño, que sin ti la vida no es nada, que sin ti el futuro desapareció, que cada pensamiento nace a partir de un recuerdo tuyo, que cada latido del corazón susurra tu nombre, que cada vez que cierro mis ojos eres lo último que veo, que hay algo aquí dentro que no me deja ser libre y no sé lo que es. No quiero sentir nada, y no quiero recordarte. No quiero que mi vida se siga desintegrando en mis lágrimas. No quiero que tu remembranza relampaguee a cada momento. No quiero que estés en mi mente. No quiero que me llames más en mi cerebro. No quiero escuchar tu voz en el silencio. No quiero volverte a besar en mis sueños. No quiero volver a tener sed de tu cuerpo. No quiero volver a desear un momento más junto a ti. No quiero seguir expresando que mi vida se fue a la mierda cuando te fuiste. No quiero seguir viviendo como un muerto. No quiero seguir pensando en las razones de tu partida. No quiero encontrar más culpables. No quiero seguir agonizando en tu ausencia.

Una vez más es certero que te exprese mi falta de confianza en mis letras. No creo que haya una carta que refleje todo lo que ocurre en mi mente. No creo que existan frases que declaren cada uno de los suicidios en mi alma. Nada de lo que diga lo sabrás, por que ni siquiera yo sé si debes saberlo. Cuando nací la nada se convirtió en mi vida, y cuando te fuiste mi vida se convirtió en nada...

by Arkänus.